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Rechazo infantil: “¡Mami, nadie quiere jugar conmigo!”

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Muchas veces es común en el proceso de sociabilización de los niños se comuniquen y jueguen muy seguido, desarrollando verdaderos nexos sociales que, con un poco de suerte y ayuda de factores externos, pueden perdurar en el tiempo.

Sin embargo, hay niños que no siempre son bien recibidos en los grupos de amigos o de juegos y que los excluyen. Una conducta que causa una desazón enorme en los menores rechazados y que no la amortigua ni el postre más rico.

“Las buenas notas no aseguran una infancia feliz; cuando los niños son rechazados o ignorados, el tema no puede relegarse a un segundo plano”, señala Marisol Sagredo, psicóloga y directora de la clínica Edupsique.

Para Rafael Palma, psicólogo del Colegio Cumbres, cuando el niño va entrando en la adolescencia es donde se acentúa más este problema: “Alrededor de los 13 años, cuando están en séptimo y octavo básico es más característico”. El factor que predomina en ese rechazo es el hecho de que los grupos se cierran entorno a intereses comunes, y es una actitud que se da más en niñas que en niños.

Si un niño no logra superar estas primeras experiencias de rechazo e internaliza la sensación de que siempre será un niño rehazado, es posible hablar de un “niño nube”, término acuñado por el psicólogo estadounidense John Gottman y que describe al menor ignorado.

Mientras un niño que logra superar sus primeros rechazos y logra fortalecerse es un menor con buena autoestima y capacidad de relación social, el “niño nube” es un chico muy reservado y callado, poco agresivo, solitario y escasamente asertivo.

Para descubrir el problema, hay que considerar cuatro factores latentes en la vida del niño: el temperamento, la genética, el colegio donde estudia y el hogar en el que se cría. Hay rasgos de la personalidad humana que son evidentemente genéticos, y que afloran a medida que sociabiliza en el colegio o en su barrio. Pero el ambiente familiar y el clima anímico en la casa es un elemento crucial.

Variadas investigaciones y ensayos sobre psicología infantil han sacado por conclusión que el apego entre padres e hijo incide en un perfil psicosocial del menor. Por ende, si en algún momento notas que tu hijo tiene sus habilidades sociales no muy desarrolladas, podrías acercarte más a él y jugar con él, fomentando así el contacto.

Otras formas de ayudarlo es tratar de contenerlo cuando esté apenado, escucharlo y aconsejarlo sobre sus problemas para que pueda resolverlos de la mejor manera. También sirve fomentar en ellos el buen humor y formas livianas y relajadas de iniciar una interacción. Si el caso es grave y crítico y nota que el epicentro es el colegio, tenga en cuenta la posibilidad de cambiarlo si es muy necesario.

Lo importante es enseñarle a los niños que todo en la vida tiene solución, y que si bien no es posible caerles bien a todos, si aprender que uno tiene que valorarse a sí mismo, y queriéndose como son estarán siempre listos para hacer nuevos amigos.

Fuente: La Tercera
Foto: @Chile-Suecia

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