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Desafíos de la formación de educadores de párvulos

"el educador, como segundo agente educativo luego de los padres, es el modelo a imitar más próximo y, por lo tanto, debe proveerse y nutrirse de todos los elementos que le permitan ejercer su rol de modelo de manera eficiente y con propiedad"
La formación de educadoras de párvulos, dado el alto impacto que ejerce en el desarrollo de los niños y niñas en edad pre-escolar y los continuos cambios en materia de conocimientos a los que se ve enfrentada la sociedad de hoy, debe contemplar en sus diseños curriculares el aseguramiento del logro de diferentes competencias personales y profesionales, que permitan al educador desempeñarse de manera eficiente en los diversos contextos educativos en los que le corresponda ejercer.

Dentro de las competencias personales, se debe considerar que el educador, como segundo agente educativo luego de los padres, es el modelo a imitar más próximo y, por lo tanto, debe proveerse y nutrirse de todos los elementos que le permitan ejercer su rol de modelo de manera eficiente y con propiedad.

Por esto formar educadores en una sociedad de vertiginosos avances en materia de conocimientos, tecnologías y comunicaciones instantáneas, otorga a la formación valórica un rol fundamental, y uno de los grandes desafíos y obligaciones a asumir por parte de las instituciones de educación superior. Las mallas curriculares deben fomentar, por tanto, la responsabilidad ética, social y laboral, permitiendo y exigiendo al educador en el día a día, realizar su rol de manera ética, eficiente, comprometida y con calidad. En suma, que los educadores sean verdaderos conductores del proceso educativo de los niños y niñas del hoy, que por las características de los contextos sociales, poseen necesidades mayores y de más alta exigencia.

Así también, un buen profesional debe poseer las competencias necesarias que le permitan proveer a los niños y niñas de experiencias suficientes y significativas, evitando que el paso de la enseñanza pre-escolar a la enseñanza básica resulte traumático.

Por otra parte, los dominios disciplinarios requeridos deberán otorgar al educador de párvulos, las competencias que le permitan reconocer las potencialidades, características y necesidades individuales de los niños y niñas con un profundo respeto a la diversidad. En base a ellas, diagnosticar sus requerimientos, organizar y mediar  aprendizajes de calidad, utilizando diversos recursos y medios que optimicen la práctica pedagógica.

Estas y otras herramientas, permitirán proveer de estrategias que valoren y favorezcan el trabajo con la familia, como primera unidad social responsable por la educación de sus hijos, ayudando a que los niños crezcan en un ambiente lo más óptimo posible.

Eugenia Manríquez Rojas

Directora Escuela de Educación Parvularia

Universidad de Las Américas

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