Los derechos del niño
Algo en común que tenemos todos los adultos, es que fuimos niños. Los recuerdos de nuestra infancia nos remiten a lugares y situaciones comunes que, inevitablemente, nos hacen recordar cómo esta etapa marcó nuestras vidas y de qué manera han forjado lo que somos hoy día.
Si pensamos en nuestros años de colegio, lo más probable es que no tengamos memoria respecto de los derechos que nos correspondían por ser niño. Soledad Cortés, trabajadora social y consultora de UNICEF, nos cuenta que en nuestro país, como en muchos otros, los Derechos del Niño son un tema relativamente reciente: “Chile suscribe y firma la Convención de los Derechos del Niño en 1990. Por lo que podemos decir que, a la fecha, tenemos sólo una generación de adultos educados bajo esta perspectiva; que suponemos en su mayoría no son padres aún”, explica.
La Convención sobre los Derechos del Niño es un convenio de las Naciones Unidas que describe la gama de derechos que tienen todos los niños y establece las normas básicas para su bienestar en diferentes etapas de su desarrollo. Es el primer código universal de esta naturaleza que es legalmente obligatorio de la historia. Contiene 54 artículos y reúne en un solo tratado todos los asuntos pertinentes a los derechos del niño.
Soledad continúa, “cuáles son los Derechos del Niño, qué significan y qué implican son cosas que hemos aprendido ya siendo adultos, sobre todo a través de los medios de comunicación”. Esto ha generado una cierta distancia respecto a su valor. “Como fue ajeno a nuestra educación formal, tendemos a cuestionar este nuevo enfoque de derechos. A ratos nos parece –erróneamente– que desplazó el tema de los deberes, la corriente que innegablemente marcó nuestra educación”, concluye Soledad.
Los Derechos del Niño son para garantizarles un futuro a ellos. Aunque creemos que sólo tienen que ver con el trabajo infantil o con la violencia física contra los niños, aspectos asumidos en nuestra sociedad y en nuestras familias, estas garantías tienen que ver con cosas que hacemos diariamente.
¿Cuántas veces los pasamos a llevar? ¿Cuántas veces cenamos con nuestros hijos a la semana? ¿Cuántas veces les preguntamos qué opinan cuando vamos a tomar una decisión familiar? ¿Cuántas veces los ignoramos? ¿Cuántas veces no escuchamos lo que tienen que contarnos? ¿Cuántas veces los castigamos impidiéndoles que jueguen y se relacionen con otros niños?
Entre los Derechos del Niño está el derecho a decir su opinión (y que ésta sea respetada) o que tiene derecho a juntarse con otros niños y pasarlo bien. Así, esas preguntan nos invitan a ver cómo estamos educando a nuestros hijos. Los derechos del niño no están para complicarnos la vida, sino más bien para ayudarnos a educarlos.
El día del niño nos presenta una linda oportunidad de revisar qué estamos haciendo mal, de tomarnos un tiempo para darnos cuenta de que lo urgente, como el trabajo, le está quitando tiempo a lo más importante, que son nuestros hijos. Teniendo esto claro, podremos tomar decisiones para llegar más temprano a nuestras casas y cenar con nuestros hijos todos los días, para regalarles una tarde de paseo más que un autito o una muñeca y, fundamentalmente, para que estas actividades se repitan, se hagan costumbre y no nos olvidemos nunca de que nuestros hijos nos necesitan para crecer.
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