El conocimiento que no tenemos y que a veces no queremos pedir: los abuelos
por Daniella Rossi
Magister en Psicología Clínica
Este mes tenía planeado escribir sobre la importancia de la intimidad en la pareja y el poner límites para que los niños la respeten, pero recibí un e-mail de una abuela, una “nona” para ser más precisa, que me motivó a cambiar el tema de esta columna.
Este e-mail hizo darme cuenta de que en Carrusel somos culpables de no seguir una de nuestras reglas de oro: ser una revista que incluya a TODOS. Habíamos dejado fuera a quienes son parte fundamental en la vida de los niños, ¡los abuelos!
Muchas mamás y papás de hoy sienten que hay un quiebre generacional entre la manera en que sus padres (los abuelos de hoy) los criaron a ellos y la forma en que ellos quieren criar a sus hijos. Buscan formas de diferenciarse de sus progenitores, de no cometer los mismos “errores” que ellos, y en esta búsqueda de independencia y diferenciación han perdido la oportunidad de aprender de los que ya han pasado por las noches de llanto, los pañales, los vómitos, las preguntas, las fiebres, las presentaciones en el jardín, los dibujos para el día de la mamá y del padre. En fin, nuestros papás son quienes pueden ayudar y confortarnos en la aventura que es la paternidad.
Los tiempos han cambiado, el mundo es diferente y exige mucho de nosotros. Sin embargo, la tendencia a excluir a los abuelos, a escuchar más al pediatra, al psicólogo y tantos otros especialistas, está creciendo. No estoy diciendo que no se escuche lo que nos recomiendan los profesionales, sin embargo los consejos y la sabiduría que podemos recibir de los abuelos nadie más los puede dar, y podemos estar seguros de que vienen con amor, aunque no siempre estemos de acuerdo.
Los abuelos pueden ser parte fundamental en la vida de los niños. Aparte de la experiencia de vida que poseen y pueden transmitir a sus nietos, la presión de criar y formar futuros adultos de bien ha cambiado. Mi mamá siempre ha dicho que los papás están para criar y los abuelos para “malcriar” (en el buen sentido de la palabra, por supuesto). Esa constante presión que pueden sentir los padres al darse cuenta que cada acción y decisión que toman puede afectar el futuro de sus hijos, cambia cuando se es abuelo(a) y se pueden enfocar en aportar, más que en criar y formar.
Los abuelos, por su parte, deben aprender a respetar los límites puestos por los padres, a no entrometerse y a dar sus consejos y sugerencias cuando son pedidos. Cuando existen conflictos entre padres y abuelos, los que más sufren son los niños, se les priva de la maravilla que pueden ser los “tatas” y de ver a sus padres tener una relación de amor y respeto con ellos. Una conversación fluida y honesta puede ser un buen comienzo para romper las barreras, donde cada uno exponga sus puntos de vista de forma respetuosa y abierta.
No privemos a nuestros niños de todo lo bueno que los abuelos quieren regalarles, mucho de lo cual los mismos padres aún no están preparados para hacer, no por falta de amor, si no que sólo por falta de años en este baile.
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