El valor de los primeros cuidados
Francisca Morales, Encargada Area Primera Infancia de UNICEF
En Chile, la mayoría de los niños y niñas cuentan al nacer con condiciones adecuadas para su supervivencia. Sin embargo, en el marco de los derechos de la infancia, no basta con que un niño sobreviva, es necesario que la sociedad le garantice, sin discriminación de ningún tipo, el desarrollo pleno de todos sus potenciales.
En este contexto, el cuidado y la estimulación que un niño o niña recibe durante los ocho primeros años y, en especial, durante los tres primeros, son cruciales para el resto de su vida.
Durante la última década, las investigaciones en neurociencias y psicología han abierto nuevas puertas para entender cómo funciona el cerebro de un niño en esta primera etapa de la vida.
Dos son los hallazgos más relevantes: cuando un niño nace, su cerebro no ha terminado de desarrollarse, sino que lo hace durante los primeros años de la vida. Esto implica que el niño está más abierto que nunca a aprender y recoger los estímulos positivos y negativos de su ambiente.
Lo segundo, es que los seres humanos nacen con una carga genética que define algunos aspectos básicos de su forma de ser y de sus capacidades. Si ese potencial se expresa o se inhibe también depende del ambiente.
Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de ambiente? Este concepto comprende a las personas que rodean a un niño, sus actitudes, el cuidado que le dan, la estimulación que le provean, etc. El ambiente primario de un recién nacido es su familia, de ahí la relevancia de que éstas sean apoyadas en su tarea de crianza, por la sociedad entera, para que con su estimulación y cuidado entreguen a sus hijos e hijas las mayores oportunidades de desarrollo posibles.
Sabemos que niños y niñas comienzan a aprender desde que nacen. Su cerebro se ve estimulado cuando se les habla, se les toca o se les acuna. Durante los primeros meses de vida el amamantamiento, el momento de la muda o el baño, son espacios privilegiados para entregarle estos estímulos en un contexto que es agradable para ellos.
Los adultos favorecen el desarrollo de niños y niñas cuando les conversan, les leen cuentos, les enseñan canciones o juegos, o les muestran el mundo que le rodea. Pero también se apoya el aprendizaje de un niño cuando se lo hace sentir querido y aceptado, cuando se responde a sus necesidades y cuando se lo acoge en la pena o el miedo.
A medida que un niño crece y empieza a explorar su ambiente también requiere límites por parte del adulto cercano que le permitan saber qué se puede hacer y qué no, qué es seguro y qué es peligroso. Los límites son necesarios y dan seguridad al niño, lo importante es que nunca se pongan con violencia.
El cuidado y protección de la niñez en la primera infancia es de vital importancia para evitar muertes, enfermedades y prevenir discapacidades, asegurando una vida saludable, el desarrollo de su autoestima y habilidades para seguir aprendiendo.
En síntesis, esta es la etapa en la que el cerebro más se desarrolla, por lo tanto, lo que se haga o deje de hacerse en esta etapa tendrá repercusiones importantes para toda la vida.
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