Autoestima en los niños
“El que no se atreve, no cruza el río“ reza un viejo adagio que abarca dos ideas: por un lado, la intención de hacer las cosas que uno se propone, y por otro, intentarlo aunque ello signifique fracasar.
Los niños son curiosos. Descubren, experimentan y aprenden, aunque muchas veces eso signifique meterse en problemas o simplemente equivocarse. Pero para que el error no se vuelva un instante negativo y traumático, es importante desarrollar en ellos una autoestima fuerte que les permita asumirse a ellos mismos como personas y seguir adelante.
“Una buena autoestima en los niños resulta fundamental a la hora de determinar cómo un pequeño explorará el mundo que lo rodea, cómo se relacionará con los demás y cómo enfrentará las dificultades y conflictos que puedan surgir a lo largo de su vida”, señala la psicóloga Carolina Clavel.
¿Qué importancia tiene una buena autoestima en los niños?
“Un niño con buena autoestima se siente seguro, competente y valioso. Por lo tanto confía en sus capacidades, logra establecer sanas relaciones con su entorno, es menos proclive a las influencias de sus pares, le resulta más fácil desarrollar la empatía (capacidad de ponerse en el lugar del otro) y es capaz de defender sus valores sin miedo. Se acepta como una persona con cualidades y defectos, pero no por esto menos valiosa”.
Para que el menor logre tener confianza en sí mismo, es preciso que a temprana edad vaya desarrollando los factores que inciden en una buena autoestima: seguridad, actitud positiva ante la adversidad y valoración del rol que le toca tanto en su grupo familiar como en el social. En este sentido, para Clavel el trabajo de los padres es el reforzamiento de los avances y logros que sus hijos obtengan.
“Resulta de vital importancia resaltar lo positivo en lugar de las cosas negativas, ya que de lo contrario, el niño comienza a identificarse sólo con estas últimas. Es importante también enseñarles desde pequeños a resolver conflictos, a que aprendan de sus errores y a identificar éstos como aspectos básicos de la vida, que nos permiten aprender y ser mejores personas”, aseguró la psicóloga.
Otros factores que menciona la psicóloga como esenciales en el desarrollo de la autoestima infantil son el otorgar algunas responsabilidades en el hogar, para que sepa valorar su rol en su núcleo familiar. También que tome algunas decisiones que manifiesten su parecer respecto a algunos temas, como por ejemplo la ropa que desea usar, además de la fijación de reglas y límites que prevengan ciertas conductas. Todo esto debe ser en un marco de respeto y cariño que engloba la relación entre padres e hijos.
Naturalmente, todo lo anterior será posible gracias a la ayuda de los papás. Son ellos quienes hacen este trabajo formativo, el cual funciona si además la autoestima de ellos es suficiente como para inspirar una buena sensación de confianza en los pequeños. En ese sentido, Carolina Clavel es clara al respecto: “la autoestima de los padres determina en gran medida la autoestima de sus hijos”.
“Padres con buena autoestima transmitirán a sus hijos seguridad en sus capacidades. Lograrán hacerlos sentirse valiosos y queridos, desarrollando en ellos confianza para atreverse a enfrentar el mundo y a establecer relaciones valiosas y saludables con su entorno. Pero padres con una baja autoestima tenderán a transmitir a sus hijos los mismos temores que ellos han adquirido a lo largo de su vida, haciéndolos sentir inseguros y poco competentes frente al mundo”, agrega la profesional.
¿Cuáles serían entonces los indicios que identifican una buena autoestima en los niños? Entre otros, que sientan deseos de aprender e intentar cosas nuevas, además de establecer buenas relaciones con otros niños ¿La razón? Es un niño que no teme a equivocarse, es empático y seguro.
¿Por qué mi hijo tiene baja autoestima?
Así como existe el buen ejemplo, también hay una antítesis; un niño inseguro, con poca confianza en sí mismo y temeroso de innovar o de aprender cosas nuevas.
Padres con baja autoestima y un entorno que no inspira al crecimiento integral dan como resultado un menor que no tiene resistencia al fracaso, tímido, antisocial e inseguro frente a la realidad. Es un niño que no confía en sus capacidades y que al compararse con otros se considerará en desventaja; pero sobre todo, es un pequeño dubitativo que se cuestionará sus desempeños, sus afectos y el de los demás. Claramente, un problema a futuro.
“Un niño que no logró desarrollar una buena autoestima durante su infancia, lo más probable es que se convierta en un adulto con dificultades en su relaciones interpersonales y en su desempeño”, advierte Clavel.
Y es que las predicciones sobre la conducta de un niño con baja autoestima son poco esperanzadoras en el futuro: se sentirá inferior porque no confiará en sus habilidades y por lo tanto tenderá a aislarse. Le va a costar establecer relaciones duraderas, porque al no tener confianza en sí mismo, tampoco la tendrá en los demás, dudará del cariño del prójimo y estará siempre poniéndolo a prueba. Además, como sentirá miedo al fracaso, evitará los nuevos desafíos por temor al error. Definitivamente no será una persona que cruce el río.
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